Autorretrato de Sofonisba Anguissola Sofonisba Anguissola fue una pintora del Renacimiento italiano que gozó de reconocido prestigio entre sus contemporáneos, aunque luego dejada en el olvido, hasta el punto de que algunas de sus obras fueron posteriormente atribuidas a otros artistas.
Nació en Cremona (Italia) hacia 1532 en el seno de una familia aristocrática. Curiosamente, constituyendo una rareza en la época, su padre decidió educar a Sofonisba y a sus hermanas como a jóvenes humanistas, ya que todas ellas practicaron la música, pintura y alguna de ellas incluso la literatura.
Su primer maestro fue Bernardino Campi, con quien aprendió las labores básicas de preparar los lienzos o tablas, la imprimación, la obtención de los pigmentos requeridos, etc. De estos primeros años los retratos de sus hermanos y sus autorretratos son lo más interesante de su producción.
Con 21 años decidió viajar a Roma para aprender de los grandes artistas que allí trabajaban, sobre todo con el maestro Miguel Ángel, que aunque ya pasaba de los setenta años, seguía trabajando para el papado y dominando el panorama artístico. Durante los dos años transcurridos en Roma, el maestro ayuda y aconseja a la joven Sofonisba. Durante ese tiempo transcurrido en Roma, su fama como artista comenzó a crecer, incluso uno de sus autorretratos fue adquirido por el papa Julio III. Probablemente fue aquí donde la conoció Vasari, quien la cita en su libro “Vidas de los más sobresalientes arquitectos, escultores y pintores”.
En Mantua o Milán entró en contacto con la corte española de Felipe II, quien la contrató en calidad de dama de honor de la reina Isabel de Valois, gran amante de las artes. En estos años Sofonisba se mantuvo muy activa como retratista, tanto de la familia real como de diversos personajes de la corte. En 1573 regresa a Italia. Allí vive en diversos lugares como Génova donde la pintora vivió hasta los noventa años y siguió trabajando, pintando retratos y cuadros religiosos, dentro del espíritu de la Contrarreforma. Allí recibió visitas destacadas, como la de la infanta Isabel Clara Eugenia y parece ser que enseñando su arte a algún discípulo.
En 1615 se trasladó a Sicilia donde está documentada una visita que le hizo el entonces jovencísimo aprendiz de Rubens, Van Dyck, que le hizo dos retratos y anotó en su diario la profunda impresión que le causó la artista. Hasta 1620 siguió trabajando, pues de esta fecha es su último autorretrato, quizás su última obra. Falleció en 1625 en Palermo, dejando una obra artística de calidad, pronto olvidada por los historiadores, rescatada en las últimas décadas y devuelta al lugar que le corresponde.
Autorretrato de Sofonisba Anguissola
Sofonisba Anguissola fue una pintora del Renacimiento italiano que gozó de reconocido prestigio entre sus contemporáneos, aunque luego dejada en el olvido, hasta el punto de que algunas de sus obras fueron posteriormente atribuidas a otros artistas.
Nació en Cremona (Italia) hacia 1532 en el seno de una familia aristocrática. Curiosamente, constituyendo una rareza en la época, su padre decidió educar a Sofonisba y a sus hermanas como a jóvenes humanistas, ya que todas ellas practicaron la música, pintura y alguna de ellas incluso la literatura.
Su primer maestro fue Bernardino Campi, con quien aprendió las labores básicas de preparar los lienzos o tablas, la imprimación, la obtención de los pigmentos requeridos, etc. De estos primeros años los retratos de sus hermanos y sus autorretratos son lo más interesante de su producción.
Con 21 años decidió viajar a Roma para aprender de los grandes artistas que allí trabajaban, sobre todo con el maestro Miguel Ángel, que aunque ya pasaba de los setenta años, seguía trabajando para el papado y dominando el panorama artístico. Durante los dos años transcurridos en Roma, el maestro ayuda y aconseja a la joven Sofonisba. Durante ese tiempo transcurrido en Roma, su fama como artista comenzó a crecer, incluso uno de sus autorretratos fue adquirido por el papa Julio III. Probablemente fue aquí donde la conoció Vasari, quien la cita en su libro “Vidas de los más sobresalientes arquitectos, escultores y pintores”.
En Mantua o Milán entró en contacto con la corte española de Felipe II, quien la contrató en calidad de dama de honor de la reina Isabel de Valois, gran amante de las artes. En estos años Sofonisba se mantuvo muy activa como retratista, tanto de la familia real como de diversos personajes de la corte. En 1573 regresa a Italia. Allí vive en diversos lugares como Génova donde la pintora vivió hasta los noventa años y siguió trabajando, pintando retratos y cuadros religiosos, dentro del espíritu de la Contrarreforma. Allí recibió visitas destacadas, como la de la infanta Isabel Clara Eugenia y parece ser que enseñando su arte a algún discípulo.
En 1615 se trasladó a Sicilia donde está documentada una visita que le hizo el entonces jovencísimo aprendiz de Rubens, Van Dyck, que le hizo dos retratos y anotó en su diario la profunda impresión que le causó la artista. Hasta 1620 siguió trabajando, pues de esta fecha es su último autorretrato, quizás su última obra. Falleció en 1625 en Palermo, dejando una obra artística de calidad, pronto olvidada por los historiadores, rescatada en las últimas décadas y devuelta al lugar que le corresponde.